Mostrando entradas con la etiqueta Opinión Ciudadana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Opinión Ciudadana. Mostrar todas las entradas

Las contradicciones de la renovación urbana en el centro de Bogotá

septiembre 15, 2022 Add Comment



El Plan Parcial de Renovación Urbana, del Triángulo de Fenicia (Decreto 146 del 30 de marzo de 2016), se ha constituido en un paradigma de enajenación involuntaria en el cual los propietarios son obligados a vender so pena de ser expropiados.

 Por: Felipe Pineda Ruiz

 El centro de Bogotá es el reflejo de las disparidades culturales, económicas y sociales del país. Aunque éste alberga uno de los enclaves financiero-bancarios más robustos de Colombia, una de las tres localidades que lo conforman, Santa Fe, es una de las cuatro con mayor población en condición de pobreza en la ciudad, alcanzando el 23,2% de sus habitantes. Santa Fe es a su vez una de las dos localidades con más alto porcentaje de pobreza multidimensional, 17,4%, solo superada por Bosa (DANE - SDP Encuesta Multipropósito 2014).

 

En el centro de Bogotá coexisten no solo personas de diferentes regiones y etnias sino una amalgama de dinámicas que se yuxtaponen. En un territorio de tan solo 130.000 habitantes barrios populares colindan con otros de estratos 4 y 5. En pocos metros es posible cotejar realidades diametralmente opuestas. Y es precisamente ese uno de los puntos nodales de la discordia: la gentrificación.

 

Entendida como “la transferencia de un lugar de una clase a otra, implique o no cambios físicos” (Salins, 1979:3) la gentrificación está cambiando las dinámicas del centro mediante el auge de una burbuja inmobiliaria sin precedentes en este sector.

 

Proyectos como City U (perteneciente al triangulo de Fenicia), BD Bacatá, Museo Parque Central, Entrecalles, las Torres Atrio, y la Torre Barcelona han valorizado el precio de los suelos del sector sin generar plusvalías, medidas en transferencia de rentas y beneficios tangibles, para los moradores de las zonas adyacentes.

 

Este proceso ha devenido en dividendos económicos para los constructores, traducidos en aumentos exorbitantes del valor del metro cuadrado en ciertas zonas del centro de la ciudad (https://bit.ly/2Ln7BoL). El auge de nuevas construcciones ha traído consigo centenares de nuevos residentes con niveles educativos, y adquisitivos, más altos que los de la media de los habitantes con cierta antigüedad en el sector. La oferta de apartamentos en alquiler, y de bienes y servicios, aumentó de la misma forma que el costo de vida en el sector (muy por encima del IPC decretado por el Gobierno Nacional).

 

Lo anterior ha terminado por configurar un proceso de gentrificación menos agresiva, cuyos afectados son personas que ante esta sumatoria de variables han optado por alejarse del sector. De otra parte, no todos los proyectos urbanísticos en el centro han sufrido procesos de beneficio recíproco en las negociaciones entre constructores y propietarios. El Plan Parcial de Renovación Urbana, del Triángulo de Fenicia (Decreto 146 del 30 de marzo de 2016), se ha constituido en un paradigma de enajenación involuntaria en el cual los propietarios son obligados a vender so pena de ser expropiados.

 

Mediante una sofisticada estrategia de relaciones públicas, en la cual la premisa de la “responsabilidad social empresarial” emerge como un salvavidas para la “subclase” empobrecida del sector, la Universidad de Los Andes ha vendido el proyecto como una oda a la filantropía, que se resume en uno de los apartes de su sinuosa campaña: “por eso queremos invitarlos, queridos propietarios, a que se asocien, a que no se vayan del barrio. Bajo un esquema de vinculación, el proyecto reemplazará los metros actuales por metros en la Fenicia renovada. Vecino, no se quede por fuera. Haga parte de la renovación” (https://bit.ly/2uvBbSJ).

Estado del arte sobre la urbanización en los bordes de las ciudades. “Una revisión desde la historia del hábitat popular del sur de Bogotá”

septiembre 07, 2022 Add Comment

Martha Isabel Bernal Mora, realiza un comentario relacionado con su artículo Estado del arte sobre la urbanización en los bordes de las ciudades. “Una revisión desde la historia del hábitat popular del sur de Bogotá", publicado en la revista "Ciudades, Estados y Política", del IEU de la UNAL de Colombia.


El artículo es una revisión teórica sobre la expansión urbana en los bordes de las ciudades desde la escala planetaria, la realidad latinoamericana y las periferias colombianas con énfasis en la historia del hábitat popular de Bogotá y busca entender las dinámicas territoriales que allí se presentan; esta temática es relevante en la academia, la investigación científica, los procesos de planificación estatal y en la implementación de políticas públicas.**La geografía urbana fue útil para reconocer la dinámica de integración de nuevos espacios, más allá de las tradicionales fronteras, como resultado de la expansión de la ciudad con funciones ambientales, residenciales, industriales o de servicios.

La pregunta planteada es: ¿cuáles son los aspectos destacados para entender las dinámicas territoriales de las ciudades, específicamente al borde sur de Bogotá en Usme? Fue necesario la revisión de fuentes secundarias, documentos técnicos, diagnósticos locales, artículos científicos, tesis, libros, revistas científicas encontrados en bibliotecas públicas o sitios web sobre la expansión urbana.

Se consideraron tres fases: formulación (exploración del estado del arte), sistematización (tipos de fuentes, calidad, temporalidad, fiabilidad), análisis (clasificación de información, elaboración del artículo). Se implementó el método deductivo para organizar la temática de manera escalar y temporal.

El documento se estructuró a partir de la introducción en la que se esboza el enfoque teórico, se expone la metodología y el abordaje del proceso de urbanización en el que son notables las transformaciones del espacio, desde la urbanización mundial a principios del siglo XX con la ciencia regional de Thünen, Weber, Isard, Lösch y Christaller que se basaron en la teoría económica del lugar central, pasando por Burguess quien planteó el crecimiento urbano a partir de círculos concéntricos o los aportes de la Escuela de Chicago con Park desde la ecología urbana y los cambios que produce la urbanización; se pueden mencionar a McKenzie y Geddes que estudiaron las transformaciones urbanas.

En la segunda mitad del siglo XX se destacan los aportes de Gottman quien sentó las bases para entender los procesos de integración de nuevos espacios a la dinámica urbana de orden metropolitano y megalopolitano. Lynch propuso categorías de análisis del paisaje urbano, mientras Germani le dio relevancia a la migración con relación al crecimiento acelerado de las ciudades.

La teoría de la marginalidad evidenció que las periferias dependían de su centro, el cual concentra las funciones urbanas y genera desigualdades socioespaciales. Los aportes de las escuelas feministas que insisten en las ciudades como un producto social resultado de las interacciones entre grupos sociales y las políticas de desarrollo económico.

En el caso de Latinoamérica, desde la segunda mitad del siglo XX ha habido un crecimiento económico lento, en contraste con un acelerado crecimiento de la población, así como una débil capacidad reguladora del Estado para garantizar totalmente los bienes y servicios requeridos. Se abordan las experiencias en Argentina, Chile, Bolivia, Chile, México que contienen novedosas argumentaciones y aportes teóricos que involucran los puntos de vista de los actores locales.

En Colombia el crecimiento demográfico ha sido rápido en un fenómeno demográfico que rebasa la capacidad habitacional donde las familias han construido sus propias viviendas, luego viene la legalización. Para el siglo XXI, el país pasó del sector agropecuario a ser urbano, con una prevalencia de actividades industriales y la prestación de servicios. El proceso de urbanización se concentra en Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla, ciudades que han experimentado procesos de expansión espacial acelerados. Si bien es cierto que la dinámica de desplazamiento poblacional rural a las principales ciudades ha sido un factor relevante del crecimiento urbano, el crecimiento vegetativo y la migración entre ciudades es la explicación a tal incremento.

Se destaca la urbanización dispersa en el área metropolitana de Medellín presionando zonas rurales productoras de alimentos, los bordes urbanos del río Otún y la conurbación Pereira Dosquebradas analizados a la luz de la trialéctica del espacio y la justicia espacial a fin de entender el borde desde su complejidad reconociendo sus relaciones, intercambios y procesos de transformación socioespacial.

En Bogotá se hace énfasis en la historia del hábitat popular con fuertes desequilibrios territoriales producto del acelerado crecimiento urbano, así mismo se destaca la categoría de borde urbano-rural que permite comprender la realidad espacial en la localidad de Usme ubicada al sur la ciudad, entendiendo que allí convergen diferentes maneras de ocupación, así como aspectos políticos, sociales, económicos, productivos o culturales que se dan como efecto de la expansión urbana. Todas estas referencias permiten entender los bordes urbano-rurales como espacios donde se yuxtaponen aspectos sociales, políticos, culturales, económicos, ambientales y de múltiples territorialidades.


Si usted desea más información sobre esta temática puede consultar el artículo Estado del arte sobre la urbanización en los bordes de las ciudades. “Una revisión desde la historia del hábitat popular del sur de Bogotá”. Para tales efectos, ingrese a https://revistas.unal.edu.co/index.php/revcep/article/view/91754 

El voto de la Colombia inconforme

agosto 12, 2022 Add Comment


La definición de las candidaturas para la próxima elección presidencial de 2022 marca la nueva escena política colombiana: una derecha uribista que apuesta a las mismas recetas, un centro político que se hace fuerte en los sectores medios metropolitanos y una izquierda que apuesta a un proyecto de transformación más radical. El eco de las protestas sociales de 2021 resulta clave para entender lo que sucede en el país. 

 Por: Felipe Pineda Ruiz 

 «La historia la escriben los vencedores y la narran los vencidos», afirmó hace algo más de dos décadas el escritor argentino Ricardo Piglia. La frase, perteneciente a su novela Respiración artificial, hace eje en la forma en que el conjunto de sectores subalternos, excluidos y vencidos por el Estado apuesta a construir narrativas alternativas y paralelas a las oficiales. El Pacto Histórico, la coalición colombiana de partidos y movimientos de izquierda liderada por el candidato presidencial Gustavo Petro, recoge parte de ese acervo y esas luchas apostando a que, en 2022, se consiga traducirlas en una victoria en los comicios presidenciales. 

 Aunque la apuesta del Pacto Histórico es, sin dudas, interesante, su problema estriba en que la estrategia es pensada en una clave puramente electoral. En tal sentido, resulta difícil que, en un corto plazo, la propuesta de Petro logre articular un imaginario nacional-popular hegemónico que le dispute al establishment el sentido común de la sociedad. En tal punto, es necesario resaltar que muchos de los electores que ahora se identifican con el Pacto Histórico y con la candidatura de Petro impugnan el pasado y se sienten defraudados con las promesas de los anteriores gobiernos, pero no necesariamente apuestan a una narrativa alternativa. Y es que muchos de quienes podrían optar por Petro apostaron en el pasado por los gobiernos de Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos. Esto no resulta ilógico: los comerciantes y los pequeños empresarios lograron, durante esos gobiernos, beneficios económicos tangibles a partir de la bonanza de los commodities, que jalonaron el crecimiento sostenido del PIB nacional durante una década. 

Por lo tanto, la impugnación que muchos de ellos hacen ahora del pasado no necesariamente implica una ruptura radical con el orden existente. La ruptura es coyuntural. El apoyo a Petro dista mucho de ser un apoyo puramente de izquierda. Aunque logró ocho millones de votos en la segunda vuelta presidencial de 2018 defendiendo una agenda «antiuribista» y a favor de la paz, sus nuevos electores constituyen un amplio sector de opinión que votó con el uribismo en el plebiscito de 2016 y que apostó por Iván Duque en 2018. 

Dicho conglomerado está conformado por millones de defraudados con el eslogan «seguridad democrática y confianza inversionista», defendido históricamente por Uribe. Parte de la ciudadanía percibe que la promesa de «prosperidad económica» del proyecto uribista fue incumplida y que, por tanto, ese ciclo de gobierno debe llegar a su fin. A pesar de que el núcleo duro de votantes del Proyecto Histórico procede de nuevos y antiguos votantes de la izquierda, no deja de ser paradójico que la mayoría de sus electores se encuentre más a la derecha que los militantes y candidatos de la coalición. Esto se vincula directamente con el sentido común que domina en Colombia, con su historia de violencia acumulada y la posición antinacionalista de la clase política tradicional. De ahí la importancia para el Pacto Histórico de las formas, los nuevos símbolos, la manera de dirigirse a esta ciudadanía despolitizada, atomizada e influenciada por esa lógica del «sálvese quien pueda» que ha dominado a Colombia desde el auge del narcotráfico en la década de 1980. 

Como bien lo expresó Fernando Dorado, «el verdadero problema es clarificar qué imaginario estamos construyendo para enamorar a las mayorías de la sociedad y cómo nos va leyendo la gente del común». Sin lugar a dudas, el fenómeno de esta alianza suprapartidista y nacional-popular desborda a la izquierda misma sin socavar sus principios y sus luchas históricas. Reconocer al Pacto Histórico como una nueva versión de agrupamientos de izquierda tradicional es repetir los errores de los momentos de mayor ascenso de la Unión Patriótica (1985-1996), del Frente Social y Político (1997-2002) y del Polo Democrático (2005-2015). 

 Pacto Histórico: trampas y desafíos 

 Es innegable que el país vive un auge democrático que recoge el acumulado de luchas sociales de la última década: el paro agrario de 2013, la firma del Acuerdo de Paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en 2016, las movilizaciones ciudadanas de 2019 y el gran paro nacional de 2021. No es redundante volver a repetir que el Pacto Histórico alberga una simbología que va mucho más allá de los ejes discursivos de la izquierda. 

Es más, frente a la deriva antidemocrática de los ocho años del gobierno de Uribe, ha venido creciendo un movimiento supraideológico que busca radicalizar la democracia destituyendo del poder al uribismo. Gran parte de ese «antiuribismo» lo conforma electoralmente un nicho de opinión que se autodenomina de «centro», el cual votó por Sergio Fajardo y Humberto de la Calle en 2018. Esa corriente de centro podría definirse como un «reformismo liberal de nuevo tipo» que ha emergido con fuerza ante la inminente crisis de liderazgo de toda la derecha tradicional desprestigiada. Tal sector, que apela a la meritocracia y a la tecnocracia, fue bastión principal del gobierno de Santos durante sus ocho años en el poder. 

 Este bloque político está conformado por el Partido Verde y las demás agrupaciones que conforman la denominada Coalición de la Esperanza: los liberales disidentes de En Marcha —encabezados por Humberto de la Calle, Juan Fernando Cristo y Guillermo Rivera—, el Nuevo Liberalismo de Juan Manuel y Carlos Fernando Galán, Dignidad de Jorge Enrique Robledo, y Compromiso Ciudadano del ex- alcalde de Medellín Sergio Fajardo. El «centro» ha ganado en las últimas dos décadas incidencia ante la creciente polarización y agudización de las contradicciones resultantes del proceso de paz y la supremacía política del uribismo. 

El centro se sitúa como una opción «decente», antirradical, que defiende el statu quo, los derechos individuales, las instituciones y la lucha contra la corrupción. Este último punto permitió que una de sus referentes, la actual alcaldesa de Bogotá Claudia López, liderara una consulta nacional con más de 11 millones de votos que le permitieron la visibilidad y credibilidad suficientes para ganar en la capital de Colombia. Este bloque, con amplia sintonía con los intereses y anhelos de la clase media de las ciudades principales e intermedias del país, encuentra en la apatía ciudadana y la antipolítica factores de adherencia a su proyecto. El «centro», liderado por el Partido Alianza Verde en 2019, fue el gran ganador de las elecciones regionales de ese año al lograr las alcaldías de Bogotá, Cali, Manizales, Cúcuta, Florencia y Popayán, así como la Gobernación de Boyacá. 

 Aunque a ambos sectores los une la regeneración democrática representada por la defensa de la Constitución de 1991 y la salvaguarda de los derechos humanos, la diferencia de fondo entre la Coalición de la Esperanza y el Pacto Histórico radica en la impugnación continua de este último al modelo económico y social que ha regido a Colombia durante las últimas cuatro décadas. Ese modelo se expresa en la mercantilización de los derechos sociales y colectivos, en la firma de múltiples tratados de libre comercio que han desequilibrado desfavorablemente la balanza comercial nacional y en la privatización gradual del Estado, con la cual la Coalición de la Esperanza está parcialmente de acuerdo. Lo que más temen los sectores moderados y radicales del establishment, ligados a los grupos que contribuyeron a mercantilizar la salud, la educación, la vivienda, y los servicios públicos, es que aparezca un agente público eficiente que desprivatice, gestione exitosamente y logre buenos resultados. También temen que el Pacto Histórico, más allá de sus veleidades internas y las contradicciones de Petro, logre movilizar a millones de personas empobrecidas con necesidades más reales e inmediatas que las de la clase media. 

 Yezid Arteta caracterizó correctamente esa frontera material y de clase que divide a ambas coaliciones. «La gente del medio no tiene estos problemas. Razón para no comprender a los de abajo. Se duchan con abundante agua caliente, desayunan frutas y cereales, trabajan con el computador desde casa y solo salen a la calle para llevar al perro a cagar. Convencer, organizar y movilizar a los pobres tiene más valor político y moral que sumergirse en una polémica sobre una fotografía en la que aparece Petro con un charlatán de iglesia». 

 Pacto Histórico, posneoliberalismo y transición democrática 

 La impugnación continua al fracaso de tres décadas del capitalismo neoliberal deslinda radicalmente la agenda del Proyecto Histórico de los demás proyectos políticos en disputa por la Presidencia de la República. Indudablemente, la ruptura del Proyecto Histórico con el consenso entre las elites por la continuidad de este modelo establece en el mapa político un único límite entre un «nosotros» popular y cotidiano, antepuesto a un «ellos» representado por los sectores de poder que siempre han controlado el país. 

La apuesta del Proyecto Histórico es la de producir un consenso posneoliberal. En Ecuador, Uruguay, Argentina y el mismo Brasil, la llegada de gobiernos posneoliberales de carácter progresista permitió que estos países renegociaran la deuda externa con los organismos multilaterales. Esta decisión política facilitó el cambio de prioridades presupuestales, lo que se tradujo en bienestar y aumento de calidad de vida para millones de personas. 

De lograrse tal viraje político en Colombia, se podría avanzar en la disminución de los índices de pobreza, en la reducción de las tasas de desempleo, en el aumento del gasto en educación, salud y vivienda pública, en la generación de infraestructura para el desarrollo y en un mejor marco de competitividad para el país. Es necesario precisar, sin embargo, que parte de la financiación de la política social de los gobiernos posneoliberales fue posible debido al boom de los precios de los commodities (petróleo, gas, minerales) entre 2005 y 2013. 

La caída de varios de estos precios, sumada a la crisis de la pandemia de covid-19, revirtió los avances de este periodo de prosperidad social. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), la emergencia sanitaria hizo retroceder diez años esas conquistas sociales. 

En suma, las condiciones objetivas marcadas por el flujo ascendente de una década de descontento y movilización social nacional (2011-2021), el desgaste sufrido por los gobiernos regionales elegidos en 2019 y liderados por la Coalición de la Esperanza, la emergencia sanitaria, el descrédito de la política tradicional, el declive del proyecto político hegemónico encabezado por Uribe (2002-2022) y el agotamiento del modelo neoliberal en el país plantean un escenario único que podría acabar en una eventual victoria del Pacto Histórico en los comicios generales de 2022 y dar al traste con aquella célebre frase que HumbDe la Calle hizo popular durante el proceso de paz con las FARC: «El modelo económico no es materia de discusión en La Habana» .

El drama de la peatonalización de la séptima

julio 14, 2022 Add Comment


Comerciantes de la carrera séptima dicen que al contratista de la peatonalización, Peatones Go, se le acabó la plata. Saldo? 20 meses de retraso de la obra y atracos a diario.

Por: Felipe Pineda Ruiz

Nos vendieron la séptima peatonal como una emulación de Berlín. Lo que terminamos viendo fue que esto se convirtió en Afganistán”, dice don Pedro, uno de los pintores tradicionalmente ubicados en el primer piso de la Empresa de Teléfonos de Bogotá (ETB).

 

No es una exageración: el drama del contrato de la séptima peatonal parece no tener fin. Firmado en febrero de 2015, durante la administración de Gustavo Petro (ver copia), la obra contempla más de 33.000 metros cuadrados de espacio público y 1.1 kilómetros de cicloruta, en un corredor que limita el tránsito rápido de las bicicletas.

 

El presente artículo tiene como eje central la fase 2 de la obra, comprendida entre la Avenida Jiménez y la Calle 24. La fase 1, entre la Plaza de Bolívar y la Avenida Jiménez, fue terminada a finales de 2015.

 

Entre comienzos de 2016, y agosto de 2017, la obra estuvo detenida debido al incumplimiento del contratista, Peatones Go, quien en la actualidad aduce problemas financieros que le impiden terminar la intervención. Parece que la obra se esfuma vertiginosamente, como la discreta gestión de Peñalosa en las encuestas.

 

Lo que en principio pensaba ser mostrado como el paradigma de la renovación urbana del centro, ha terminado convertido en un elefante blanco que desplomó los ingresos de los comerciantes del sector, como se desprende de la encuesta de percepción de inseguridad, realizada por Fenalco en 2017.

 

Para complejizar todavía más el problema, en las últimas semanas la maquinaria, junto con los obreros, han desaparecido. Vecinos y comerciantes alertan desde ya sobre un posible abandono de la intervención, por parte del contratista. La ciudadanía exige planes de acción contingentes, y efectivos, para que los $34.382 millones de pesos que costó la obra no se pierdan.

 

De la promesa de una céntrica séptima sin parque automotor, colmada de cafés al aire libre, desbordada de actividades culturales y evocaciones parisinas, mutamos a la séptima tomada por la indigencia y las ventas ambulantes desreguladas. En lugar de sentirnos arropados, por el aire del frío paramuno y la calidez de otras personas, pasamos a temerle a la noche, y a los ladrones que aparecen súbitamente en la polisombra.


 


Un vacío en la cultura

octubre 09, 2017 Add Comment

La cultura no importa mucho en Colombia, porque las élites que están en el poder no parecen ser conscientes de su importancia política, ni de su función de crear cohesión social y sentido de identidad. 

Por: Piedad Bonnett / El Espectador

Les correspondería a la prensa, a la televisión, a las revistas de circulación local y nacional, y a los portales de información y análisis, la tarea de formar el criterio y el gusto de públicos amplios, de socializar el arte y la literatura y de fomentar el debate orientador, argumentado. Pero resulta que la mayoría de los grandes periódicos y revistas del país le han ido cerrando a la crítica los espacios que alguna vez tuvo, para dar paso al entretenimiento, ese que nos permite enterarnos de cómo alimentar al perro, cuales son las últimas tendencias de maquillaje o las últimas series de televisión. El resultado es que cada vez es más pobre la socialización del arte y la literatura, y son más escasos los debates públicos y las polémicas sobre cuestiones estéticas.

No creo que sea verdad, como afirman algunos, que la crítica haya sido inexistente en Colombia, aunque debemos reconocer que sí escasa. Es imposible ignorar nombres como los de Baldomero Sanín Cano, Hernando Valencia Goelkel, Luis Tejada, Rafael Gutiérrez Girardot, Marta Traba, Casimiro Eiger o Walter Engel. Hoy por hoy también existen críticos con voces diversas y respetables, pero con poca visibilidad, pues la crítica académica, desafortunadamente, se ha enconchado en su jerga y sólo está en las revistas indexadas, y la más flexible y creativa sólo existe en las revistas culturales, que son buenas pero pocas y circulan en ámbitos muy reducidos. Por fortuna, en medio de la proliferación de mediocridades que se encuentran en la web, en ella hay algunos espacios con suficiente peso y respetabilidad, y es posible que con el tiempo esta sea la vía para recuperar una crítica con verdadera incidencia social.

Los debates culturales, álgidos, incisivos, punzantes, le hacen falta a este país. En estos días, por ejemplo, Generación, de El Colombiano, uno de esos pocos espacios donde se ventilan todavía temas culturales, transcribió la entrevista que le hace Martín Novoa a Antonio Caballero en el libro Conversaciones con el Fantasma. Allí podemos leer su descalificación de buena parte del arte contemporáneo, con puntos de vista argumentados pero polémicos. 

Luego, en un ejercicio de periodismo de esos juguetones, que muchas veces banalizan o simplifican, contesta con su talante de “enfant terrible” qué piensa de ciertos artistas. De Grau dice: Insignificante. De Lorenzo Jaramillo. “No conozco mucho lo de Lorenzo, salvo cosas que tenía mi hermano, porque eran muy amigos. Pero segunda fila”. De Doris Salcedo: “Gran talento escénico”. De Óscar Muñoz: “Un fenómeno comercial”. De Miguel Ángel Rojas: “Aburridísimo”. Por supuesto, estas opiniones suyas merecerían réplicas inteligentes, debates urticantes, lo mismo que la reciente remodelación del Museo Colonial, al que le quitaron la palabra Arte, y cuya curaduría decidió poner colores estridentes, guardar cosas como los bargueños y la platería y poner otras, como escapularios y llaveros. Hay que verlo.

[AUDIOS] Somos Ciudadanos en la U. Los Libertadores: paz y post-acuerdo.

octubre 04, 2016 Add Comment

Participación de Somos Ciudadanos en el programa grabado en la Universidad Los Libertadores “Caminando en Alianza”, realizado por la Fundación Santa Alianza de Bogotá. Los miembros del colectivo disertaron sobre el post-acuerdo; las ventajas y oportunidades que la paz trae consigo para el futuro del país y la necesidad de acabar con el conflicto bélico en Colombia.

Programa dirigido por Fernanda Rozo. Equipo de trabajo: Alejandra Camelo y Diana Paola Pardo. Panelistas Invitados de Somos Ciudadanos: Hernando Burgos, Gustavo Osorio Vizcaíno, Paola Ayala, Jorge Eduardo Diaz y Felipe Pineda Ruiz.